Epilepsia: mucho más que “ataques”
Explicación clara y accesible sobre qué es la epilepsia, cómo se manifiesta y por qué no debe ser estigmatizada.
Por la Dra. Nayelli Argüelles Morales Neuróloga clínica y vascular
12/1/20253 min read


Romper mitos, entender la enfermedad y acompañar con empatía.
Cuando alguien dice “epilepsia”, muchos imaginan una persona convulsionando en el suelo. Pero la epilepsia es mucho más que eso: es una enfermedad neurológica compleja, diversa y, sobre todo, tratable.
¿Qué es realmente la epilepsia?
La epilepsia ocurre cuando algunas neuronas del cerebro generan descargas eléctricas anormales que interrumpen la actividad cerebral normal. Estas descargas pueden provocar distintos tipos de crisis.
No todas las crisis son iguales. Algunas se manifiestan con movimientos bruscos, pérdida de conciencia y caídas, pero otras son mucho más sutiles: una mirada fija, segundos de desconexión, movimientos automáticos o una sensación extraña difícil de describir. Por eso, a veces puede pasar desapercibida o confundirse con distracción, ansiedad o incluso con un “desmayo”.
En el mundo, una de cada cien personas vive con epilepsia, lo que la convierte en una de las enfermedades neurológicas más frecuentes. Puede aparecer en cualquier etapa de la vida, aunque es más común en niños y adultos mayores. Las causas son variadas: desde lesiones cerebrales y malformaciones, hasta factores genéticos o causas aún desconocidas.
Mitos que aún persisten
A pesar de los avances médicos, la epilepsia sigue rodeada de mitos. Muchos piensan que es contagiosa, que limita la inteligencia o que impide llevar una vida normal. Nada de eso es cierto. Las personas con epilepsia pueden estudiar, trabajar, tener familia, practicar deporte e incluso conducir, siempre que estén bajo control médico. El principal enemigo no es la enfermedad, sino el estigma. La desinformación provoca miedo, discriminación y aislamiento, lo que afecta más que la propia epilepsia.
Tratamiento y control
Lo más importante es que la mayoría de los pacientes —más del 70%— puede vivir sin crisis con el tratamiento adecuado. La base del manejo son los medicamentos antiepilépticos, que deben tomarse de forma constante y bajo vigilancia médica.
Suspenderlos por cuenta propia o automedicarse puede ser peligroso, pues puede provocar crisis más fuertes o frecuentes. También se recomienda dormir bien, evitar el consumo de alcohol y controlar el estrés.
En los casos en los que los fármacos no funcionan, existen otras alternativas: cirugía cerebral, estimulación del nervio vago o dispositivos que ayudan a regular la actividad eléctrica del cerebro. En los últimos años, la investigación en inteligencia artificial ha abierto la puerta a detectar crisis antes de que ocurran, lo que permitirá tratamientos más personalizados y seguros.
Cómo actuar ante una crisis
Presenciar una crisis epiléptica puede generar miedo, pero saber cómo actuar puede salvar una vida. Lo correcto es:
• Mantener la calma.
• Colocar a la persona de lado, para evitar que se ahogue con saliva.
• Proteger su cabeza con algo blando.
• No intentar detener los movimientos ni introducir objetos en su boca.
• Esperar a que la crisis termine (usualmente dura menos de dos minutos) y
acompañarla mientras se recupera.
Si la crisis dura más de cinco minutos o se repite sin que la persona recupere la conciencia, se debe llamar a los servicios de emergencia.
Más allá de la medicina
La epilepsia no solo se trata con fármacos; también se atiende con comprensión. Educar a la sociedad, a las escuelas y a los lugares de trabajo es parte fundamental del tratamiento. Romper los mitos y hablar abiertamente del tema ayuda a construir un entorno donde las personas con epilepsia puedan desarrollarse plenamente. La información genera empatía, y la empatía salva vidas.
Hablar de epilepsia es hablar de ciencia, inclusión y humanidad. Detrás de cada diagnóstico hay una historia de esfuerzo, valentía y esperanza.
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