Inclusión que transforma: la lucha cotidiana de Aleida Refugio Flores Carrillo por los derechos de las personas con discapacidad en Durango
Por Ignacio Mendívil
2/13/20263 min read


En Durango, hablar de inclusión no es una consigna abstracta, sino una tarea diaria que exige voluntad política, sensibilidad social y acciones concretas. Así lo demuestra la trayectoria de la ingeniera Aleida Refugio Flores Carrillo, defensora de los derechos de las personas con discapacidad y ganadora del Primer Lugar del Premio Estatal de Derechos Humanos 2025, quien ha convertido su experiencia personal y profesional en una plataforma de transformación social.
Egresada del Tecnológico de Durango y con ejercicio profesional tanto en Durango como en Zacatecas, Flores Carrillo ha transitado con firmeza entre el activismo y el servicio público. Su incursión en la administración municipal comenzó en 2016, cuando se integró al DIF Municipal de Durango como jefa de Atención a Grupos en Situación de Vulnerabilidad. Más tarde, de 2022 a 2025, ocupó una regiduría en el Ayuntamiento de Durango, primero como suplente y posteriormente como titular, tras la llegada de la regidora propietaria al Congreso local.
Desde esa trinchera, los retos no fueron menores. “Las sesiones de Cabildo no estaban pensadas para personas con discapacidad”, relata. La documentación se entregaba en papel y los espacios no siempre contemplaban criterios de accesibilidad. Sin embargo, la regidora optó por soluciones prácticas: recibir la información en formato digital, utilizar lectores de pantalla y demostrar, con hechos, que la discapacidad no es un impedimento para ejercer funciones públicas. “Es importante que nos vayamos integrando en diferentes ámbitos para que la gente vea que sí se puede trabajar con nosotros”, subraya.
Más allá de las adecuaciones físicas, Flores Carrillo identifica un obstáculo menos visible pero igual de profundo: el miedo social. “A veces no se acercan a ayudarnos porque creen que nos pueden lastimar. Por eso es fundamental que estemos involucrados, que se normalice nuestra presencia”. En un contexto donde muchas personas con discapacidad permanecen en casa, incluso sobreprotegidas por sus propias familias, su participación activa se convierte en un mensaje de esperanza.
Durante su paso por el Cabildo, impulsó —con el respaldo de regidores de distintas fuerzas políticas— iniciativas clave, como la instalación del Consejo Municipal de Personas con Discapacidad y el avance en materia de accesibilidad digital en las plataformas gubernamentales. No obstante, reconoce que no todo fue posible: la creación de una Dirección de Atención a Personas con Discapacidad fue rechazada en su momento por partidos de oposición. “Ojalá ahora que se retome la propuesta, exista la sensibilidad para aprobarla. Es una dirección necesaria para este colectivo”, señala.
Las cifras dimensionan la urgencia del tema. De acuerdo con datos del INEGI, en el municipio de Durango viven más de 130 mil personas con alguna discapacidad, mientras que en todo el estado la cifra supera las 330 mil, lo que representa alrededor del 16 por ciento de la población municipal. Lejos de ser un grupo minoritario, se trata de un sector amplio que enfrenta rezagos históricos, particularmente en el acceso al empleo.
“La falta de oportunidades laborales es una deuda enorme”, advierte Flores Carrillo. Aunque existen esfuerzos de emprendimiento, el trabajo formal sigue siendo esquivo. A ello se suma la exclusión de personas de entre 30 y 64 años de la pensión por discapacidad, precisamente en la etapa más productiva de la vida. “No tenemos dádivas; tenemos familias que mantener. Solo pedimos una oportunidad”, enfatiza, al tiempo que hace un llamado a empresarios y autoridades de los tres niveles de gobierno para abrir espacios laborales incluyentes.
En el ámbito educativo, la ingeniera considera que los avances son insuficientes. Propone incorporar contenidos de lengua de señas, braille y detección temprana de condiciones como el autismo en las escuelas, aprovechando espacios como los consejos técnicos o las semanas de inducción. “Muchas veces no es un tema de recursos, sino de voluntad”, afirma.
Mirando hacia el futuro, Aleida Refugio Flores Carrillo no baja la guardia. Continúa trabajando desde el activismo y su labor en centros de desarrollo del DIF, donde impulsa cursos y talleres impartidos por personas con discapacidad, fomentando la inclusión laboral y social. Su experiencia también ha tenido impacto a nivel nacional: desde una queja presentada ante el INE en 2015 para permitir que personas con discapacidad sensorial fueran funcionarias de casilla, hasta la consolidación de acciones afirmativas en procesos electorales.
“Se ha avanzado, pero falta mucho”, concluye. “Podemos estar en todos los sectores, podemos aportar. Lo único que necesitamos es que nos den la oportunidad”. Su voz, firme y constante, recuerda que la inclusión no es un favor, sino un derecho, y que nadie está exento de enfrentar una condición que haga de la empatía una necesidad colectiva
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